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Desde la más remota antigüedad, el ser humano ha querido recrear su propia naturaleza de manera artificial. La creación de máquinas con forma humana ha sido una constante en muchas civilizaciones con la finalidad de probar ingenio o diversión, pero, básicamente, las mentes inteligentes de los hombres del pasado buscaban ayuda en la mejora de los trabajos mecánicos que comportaran fuerza y repetición.

La creación de una similitud humana en una máquina, o un autómata, comporta la reproducción de movimientos y habilidades humanas con exactitud. Prueba de ello es el autómata creado en Londres, aproximadamente en el año 1900, por Henri Maillardet, un suizo fabricante de relojes y otros mecanismos que “dio vida” a una máquina, un dibujante que era capaz de reproducir dibujos y escritura en forma de versos.

Más tarde, con el avance de la tecnología, se ha llegado a crear componentes mecánicos artificiales para poder ser implantados en el cuerpo humano, suplantando sus propias carencias.

El campo de la robótica aplicada a la medicina transforma la visión del robot, que pasa de ser una pieza mecánica inanimada a algo con capacidad de ayudar a un ser humano en su salud. De esta forma, se convierte en algo parecido a un ser altruista, con valores humanos.

¿De qué forma puede ser necesaria la robótica en la medicina? A continuación, mostramos algunos ejemplos. La parte común a todos ellos es que la robótica puede lograr llegar allá donde el ser humano, a causa de sus propias limitaciones, no puede.